(Físico nacido en Pensilvania (USA) profesor de Física Teórica)

La totalidad y el orden implicado es el resultado de cuarenta años de investigación física y filosófica que reúne instancias aparentemente tan dispares como son una interpretación original de la física cuántica, el modelo holográfico de Karl Pribam y la filosofía de la conciencia de Krishnamurti.

La frase “el mundo cabe en un grano de arena" implica la noción de que ningún objeto, persona o evento es completamente autónomo o separado. La totalidad de la existencia es algo completo e irrompible en un movimiento que fluye indiviso y sin fronteras. La materia y la mente son sólo diferentes aspectos de una realidad total e indivisa.

La materia como una totalidad puede ser comprendida en términos de la noción de que el orden implícito es la realidad inmediata y primaria. El orden explícito, entonces, es un caso particular y distinguido del orden implícito. La cuestión que aquí surge (como fuera quizá anticipado por Descartes) es que la real "sustancia" de la conciencia está en el orden implícito. Si la materia y la conciencia pudieran entenderse juntas, en términos de la misma noción general de orden, se abre el camino a entender su relación sobre la base de un "suelo" o fundamento común.

La característica general de la Física clásica es que todo puede ser analizado en partes separadas, partes que pueden ser consideradas tanto como pequeños cuerpos discretos, o bien como  partículas ideales sin extensión (todo lo cual se relaciona sólo a través de fuerzas externas de interacción). En el dominio de la Física Cuántica, la clásica idea de la separabilidad del mundo en partes distintas pero interactivas, ya no es más un artículo de fe al cual uno se adhiera tan tenazmente. Encuentro que es fascinante que se nos escape la ambivalencia de los Físicos Cuánticos sobre este tema.

La Teoría Cuántica, incuestionablemente, implica la realidad indivisa dentro del contexto del Quantum. Pero sin embargo, obviamente, persiste un extraño apego a una forma de pensar enraizada en la vieja manera de ver la realidad en Física. En esta manera de ver, el objeto aislado externalizado de la Física Clásica, está todavía allí, como flotando.

La única diferencia es que ahora "el objeto" ha sido reemplazado por una clase más sofisticada de "entidad". Esa "entidad" es un constructo abstracto y estadístico que ha dado en llamarse "Función de onda", "Onda de Probabilidad", etc. Esta ambigüedad no es más que otra expresión de la confusión que prevalece dentro de la comunidad de los Físicos Teóricos. Esta confusión no está en las ecuaciones de la Mecánica Cuántica, o en los resultados de los experimentos diseñados para medir la actividad en el reino subatómico. Esta confusión subyace en el mismo proceso del pensamiento, con el que se interpretan los resultados de esos experimentos. Ninguna teoría nueva nos rescatará de esa confusión.

Tampoco resolverá el dilema ningún intento de unificar las partes, ya que este intento produciría inevitablemente otra "integración del pensamiento", es decir, otro fragmento del pensamiento, aunque más grande. No uso el término "fragmentación" de una manera peyorativa. Pienso que la "fragmentación" es una propiedad inherente al mismo proceso del pensamiento. Es esta propiedad del pensamiento, la "fragmentación", lo que hace que veamos al mundo en términos de divisiones, distinciones y diferencias. Por cierto que esta modalidad de categorizar el conocimiento tiene aplicaciones prácticas. La confusión surge cuando "creemos absolutamente" en estas categorías. Esta "creencia" que no admite cuestionamientos tiene sus raíces en la asunción incontrovertible de que el proceso del pensamiento es independiente del contenido del pensamiento.

Estoy proponiendo una nueva noción de orden universal, que he denominado "el Orden Implicado, o implícito". "Implicado viene de una raíz del Latín, que significa "envuelto". En términos del "Orden Implicado", uno puede decir que todo está envuelto en todo. Esto contrasta con el "Orden Explicado", ahora dominante en la Física.

En el Orden Explicado las cosas están "desenvueltas", en el sentido de que cada cosa yace solamente en su propia región del espacio (y del tiempo) y fuera de la región que pertenece a otras cosas.

Un ejemplo sobresaliente de lo que denomino "el orden implícito" ocurre cuando la luz, que emana de vastas extensiones de espacio y tiempo, de estrellas, galaxias y racimos de galaxias, converge o "se envuelve" dentro de un punto dado del espacio. Es decir, que la luz que emana de (y que contiene información de) todas esas fuentes, está implícita dentro de cada punto del Universo. Cuando esta luz es interceptada por un instrumento, por ejemplo una lente telescópica, junto con los métodos apropiados de interpretar lo que se recibe, este punto de luz se desenvolverá en un orden de fenómenos reconocibles (lo que denomino el orden explícito de relaciones manifiestas). Sin tal intervención, sin embargo, en un punto dado, ya sea en forma de instrumentos o del aparato del pensamiento interpretativo, absolutamente nada significativo se revelaría a nuestras percepciones.

El patrón de interferencia de una placa holográfica provee otro ejemplo del orden implicado. La información de toda una estructura está envuelta, es decir, implicada, dentro de cada región del holograma. Si se examina la superficie del holograma, sin embargo, nada significativo se revela por el patrón de las bandas de interferencia lumínica. Lo que aparece es simplemente irreconocible como una relación coherente de formas. Sin embargo, cuando, bajo condiciones apropiadas, tanto el holograma como una porción dada de éste, se ubican en el camino de un rayo de luz láser, el pasaje de la luz estimulada reconstituye en tres dimensiones, todo el patrón correspondiente a la estructura original iluminada.

Para decirlo en mi lenguaje, lo que ocurre en el holograma iluminado por el rayo láser, el orden  implicado, inherente en las franjas de interferencia de la placa holográfica, ha sido desenvuelto en un orden explícito de manifestación. Este orden explícito se manifiesta como un patrón de relaciones que es ahora familiar y reconocible, y por lo tanto, perceptible.

Esta idea de los órdenes explícito e implícito, no vino a mí gratuitamente como un hallazgo teórico, sin embargo. Más bien evolucionó naturalmente de mi propio estudio de la teoría Cuanto-Mecánica y de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Lo que me resultó más que fascinante fue la manera en que los Físicos de las partículas de alta energía, en su compromiso con lo que denomino el orden atomístico-mecanicista, persisten en ignorar las implicaciones obvias de sus propias teorías.

Esto ocurre a pesar del hecho de que ambas teorías (La Cuántica y la de la Relatividad) implican la necesidad de mirar al cosmos como una realidad indivisa. En esta realidad indivisa todas las partes del Universo, incluyendo al observador y a sus instrumentos, convergen y se unen en una totalidad. En esta totalidad, la forma atomística de comprensión, es una simplificación y una abstracción, válida solamente en algún contexto muy limitado.

El rasgo central de esta visión atomística-mecanicista (tan completamente en contradicción con la Teoría Cuántica) es que, partículas de "interacciones de campo", lleguen a tratarse como entidades discretas que están localizadas. Esto es como decir que "cada una está fuera de las otras" en regiones separadas del espacio y el tiempo.

Parece mentira que lo que fue concebido como un objeto individual en la Física Clásica, se ha vuelto hoy un concepto más abstracto, como el concepto del estado Cuántico de un sistema. Todavía se nos presenta con algo que no es más que una clase de existencia separada y autónoma. Un caso común es el uso de la palabra "rastro" ("track" en inglés) cuando nos referimos al camino de una partícula subatómica en la cámara de burbuja. Su persistente uso demuestra la profunda resistencia a abandonar el viejo hábito de pensamiento de la Física Clásica. Claramente, el mero concepto de discontinuidad de los "saltos cuánticos", desmiente cualquier noción de "rastros" suavemente definidos. En realidad el "rastro" es una vinculación arbitraria de puntos visibles en una placa fotográfica.

Esta es una abstracción y una asunción inventada por el pensamiento, que presume un movimiento autónomo de una partícula localizada, que retiene su identidad desde un extremo del "rastro" al otro. Por cierto, esta es precisamente la visión clásica mecanicista, que desearía lidiar con "partículas", como si ellas fueran entidades existentes realmente separadas, que se mueven a través del espacio y el tiempo obedeciendo leyes causales, independientemente de si estamos por ahí o no para observarlas.

Me gusta usar la imagen de un torrente en flujo, con sus siempre cambiantes patrones de torbellinos, remolinos y ondas, que no tienen realmente una existencia separada del torrente, a no ser como abstracciones que hace el pensamiento de quien observa el torrente en flujo. Esta noción de que todo es flujo, implica que cualquier evento descriptible, cualquier objeto, entidad, etc. es una abstracción de una totalidad desconocida e indefinible de movimiento en flujo.

Esto implica que no importa lo lejos que vaya el conocimiento de las leyes de la Física, el contenido de estas leyes tendrá que lidiar todavía con tales abstracciones del pensamiento, teniendo sólo una relativa independencia de existencia y de comportamiento.

Si la Teoría Cuántica tan claramente implica esta indefinible totalidad de movimiento en flujo, entonces ¿por qué es que las interpretaciones de la teoría continúan estando limitadas al orden explícito? Mi respuesta es que, estamos todavía casados a la creencia de que a través de una estructuración lógica del pensamiento podemos arribar a un verdadero conocimiento de la "realidad tal como es". Esta creencia se ha vuelto para nosotros un invisible artículo de fe. Nos hemos habituado tanto al orden explícito, y lo hemos enfatizado tanto en nuestro pensamiento y en nuestro lenguaje, que tendemos a creer con gran fuerza afectiva, que nuestra experiencia primaria es aquello que es explícito y manifiesto.

Puedo ver ahora que yo tenía una cierta manera de pensar. Antes de actuar, yo quería sentir que tenía una completa comprensión conceptual de la situación, de manera tal que yo sería capaz de elegir libremente, sin ser arrastrado a fines desconocidos por fuerzas que yo no había anticipado. Pero tomando parte con otros niños en alguna acción física, tuve que ver el desequilibrio que surge cuando uno insiste en actuar siempre de esa manera. Lo que recuerdo es que, cuando tenía unos doce años, estábamos cruzando un torrente a los saltos. Mientras hacía esto con considerable emoción, ocurrió una intensa comprensión. En esa comprensión no había palabras, pero puesta en el lenguaje sería algo así: "Cuando me equilibro con un pie en una piedra, lo que soy es un estado de equilibrio hacia la próxima piedra, y actuando en consecuencia puedo cruzar a salvo el torrente. Si me detengo a analizar los detalles del movimiento, me voy a caer al agua". Esto tuvo profundo significado para mí durante el resto de mi existencia. Por supuesto, también me ayudó a cruzar aquel torrente.

Más tarde comencé a investigar en nuevas áreas. Colaboré con Albert Einstein y conocí a Jiddu Krishnamurti. Trabajé como Decano de la Escuela Secundaria que él fundó en Brockwood Park, cerca de Londres. Comencé a observar la operación de la mente misma y no sólo el mundo de la naturaleza. En realidad tenemos que ir mucho más lejos que el reino de la Física Cuántica, o del pensamiento científico en general, a la cuestión más fundamental de qué es lo que constituye el proceso de pensar.

Me di cuenta de las maneras en las que el pensamiento fragmentario toma forma, y de la casi imperceptible tendencia a creer que estas divisiones se corresponden con la estructura actual de la realidad. Mi tesis es un nuevo punto de partida para un estudio real de la relación entre conciencia y pensamiento.

La aparición de la obra escrita del Dr. Rubén Feldman González "La percepción unitaria" constituye una innovación en el campo de la psicología. Esta obra lidia con los órdenes implícito y explícito de la realidad y de cómo se relacionan con la psicoterapia, con la educación y la relación humana en general.

                                                                                                   David Bohm (1984)

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